Por: Orlando Linares López

El peso de no saber si el dinero nos va a alcanzar para cubrir nuestras necesidades, es una carga que, día a día, nos angustia a millones de mexicanos

Esta condición que no se ve, pero sí se siente como un nudo en el estómago, dolor de cabeza e irritabilidad que estalla sin razón aparente, encarna el llamado estrés financiero que, a decir de los expertos, no se trata únicamente de una preocupación por el dinero, sino de un fenómeno que impacta en la salud física, emocional y social de las personas, deteriora la calidad de vida y el bienestar.

Como referencia, en 2023, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), realizaron la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI), la cual reveló una realidad preocupante: más del 36% de los mexicanos mayores de 18 años, reportaron un nivel alto de estrés financiero, otro 34% manifestó un nivel moderado; derivado de ello, al menos siete de cada diez mexicanos viven con algún grado de tensión relacionada con su situación económica.

Aunado a estas preocupaciones, que muchas veces se convierten en una carga emocional difícil de manejar, los datos de la ENSAFI indicaron que, casi la mitad de la población (48%) vive intranquila por la acumulación de deudas monetarias y que al 45% de las personas le inquieta la posibilidad de enfrentar gastos imprevistos. Asimismo, el 16% de los mexicanos considera que su nivel de endeudamiento es alto o excesivo.

Así, el estrés financiero, definido como un estado de preocupación, ansiedad e incertidumbre provocado por dificultades económicas, encierra un costo invisible del dinero, donde lo más desgarrador son las afectaciones al cuerpo y a la mente.

En ese aspecto, la ENSAFI indicó que 34% de la población ha experimentado malestares físicos como dolores de cabeza, gastritis, colitis o alteraciones en la presión arterial, directamente relacionados con sus preocupaciones de dinero. Y que el 30% ha presentado problemas para dormir o comer, tristeza, frustración e irritabilidad en el entorno familiar.

Los profesionales de la Psicología, señalan que las emociones asociadas a este fenómeno suelen ser profundas y persistentes además de afectar las relaciones familiares, laborales y sociales.

Ante este difícil panorama, los promotores de la educación financiera indican que el estrés financiero puede enfrentarse y reducirse.

Para ello, sugieren como primer paso, reconocer la situación y analizar con honestidad los ingresos, gastos y deudas, además de hablar del tema en casa, con la pareja o con la familia, rompiendo el silencio que tanto daño hace; luego, elaborar un presupuesto realista, establecer prioridades de pago y crear un fondo para emergencias. A la par, piden no descuidar la salud emocional y, en la medida de lo posible, buscar apoyo profesional, realizar actividad física, mantener hábitos de sueño saludables y que compartir las preocupaciones con personas de confianza, puede reducir la carga emocional. También es posible obtener orientación gratuita en la CONDUSEF a fin de retomar el control de la vida.

Recobrar la estabilidad financiera no ocurre de un día para otro, pero cada pequeño avance genera una sensación de seguridad y confianza.

Cuando las finanzas dejan de ser una fuente permanente de preocupación, también mejoran el descanso, la salud física y las relaciones personales.

La ENSAFI deja una lección clara: la salud financiera y la salud integral están profundamente conectadas. Cuidar una es, inevitablemente, proteger la otra.

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