AI Slop. El uso masivo de inteligencia artificial que amplifica un problema previo: campañas uniformes, desconectadas y basadas en fórmulas que no responden al entorno digital actual

El término comenzó a popularizarse hace apenas unos meses: AI Slop. Se utiliza para describir contenido generado con inteligencia artificial de manera masiva, repetitiva y superficial; piezas diseñadas para alimentar algoritmos, mantener presencia digital y producir volumen, aunque el resultado termine siendo indistinguible de cientos de publicaciones más.

Este fenómeno ha abierto múltiples debates sobre el futuro de la comunicación y sobre la creciente sensación de uniformidad que domina buena parte del ecosistema digital contemporáneo.

Sin embargo, en comunicación política el problema no comenzó con la inteligencia artificial. En el Estado de México, por ejemplo, llevamos años observando versiones analógicas del slop electoral: campañas estructuradas desde fórmulas repetidas hasta el cansancio, discursos construidos a partir de clichés estratégicos y aspirantes sometidos a manuales que parecieran detenidos en otra época política y mediática.

Ahí permanecen algunos “estrategas” operando bajo la lógica de hace veinte años, ofreciendo recetas desgastadas como si fueran innovación política; los mismos pasos para el posicionamiento, las mismas narrativas de cercanía, las fotografías “espontáneas”, los recorridos cuidadosamente coreografiados, frases sobre territorio, familia, esperanza y compromiso social.

En síntesis: cambian los nombres, cambian los colores partidistas y cambian las plataformas digitales; el libreto, sin embargo, permanece prácticamente intacto.

El problema de fondo radica en que el ecosistema de comunicación pública cambió radicalmente y muchos operadores políticos no terminaron de comprender la magnitud de esa transformación.

Mientras las audiencias evolucionaron hacia entornos hiperfragmentados, emocionales e inmediatos, una parte importante de la consultoría electoral continúa pensando desde categorías lineales propias de la comunicación analógica; sigue concibiendo al electorado como audiencia pasiva y sigue creyendo que administrar presencia equivale a construir conexión.

Por ello, observamos campañas impecablemente producidas y, al mismo tiempo, profundamente artificiales; publicaciones técnicamente correctas, pero emocionalmente vacías; aspirantes con enorme presencia digital y escasa capacidad de generar identificación auténtica con la ciudadanía.

A muchos actores políticos se les está vendiendo exposición mediática disfrazada de estrategia, volumen de contenido presentado como posicionamiento y repetición de formatos convertida en supuesta innovación.

La inteligencia artificial vino a acelerar ese fenómeno; hoy cualquier equipo puede producir discursos, slogans, publicaciones y videos en cuestión de minutos. Sin embargo, cuando detrás de la tecnología no existe comprensión social, sensibilidad política ni una visión contemporánea de la comunicación, la IA únicamente multiplica el vacío y amplifica la uniformidad del discurso.

La ciudadanía quizá no conozca el término AI Slop; aun así, percibe con claridad cuándo todos los candidatos suenan igual, cuándo las emociones parecen ensayadas y cuándo el lenguaje político se encuentra construido desde la plantilla consultora y no desde una voz genuina.

El electorado actual posee una enorme capacidad para detectar lo prefabricado; vive inmerso en un entorno saturado de estímulos, narrativas y contenidos, lo que vuelve mucho más visible la artificialidad de campañas construidas desde fórmulas obsoletas.

Tal vez la discusión pública no debería centrarse en si la inteligencia artificial está vaciando la comunicación política; la pregunta correcta es otra: ¿por qué, teniendo más herramientas que nunca para construir conversaciones auténticas con la ciudadanía, seguimos produciendo campañas que parecen copiadas unas de otras?

Facebook Comments