Por Orlando Linares López

En días pasados, en México se celebró el Día de las y los Psicólogos (20 de mayo), ocasión para reconocer y destacar la labor de estos profesionales que por vocación han elegido enfocar sus esfuerzos para brindar a las personas una herramienta que les ayude a mejorar su salud mental y su bienestar emocional.

Además de felicitar a quienes ejercen esta profesión, el momento sirve para reconocer que entre los mexicanos existe un déficit de atención psicológica generado, principalmente, por estigmas y porque, durante décadas, se nos ha enseñado a “aguantarse” y que “ir al psicólogo es para locos”, o que “solo necesitas echarle ganas” y, más aún, que “los hombres no lloran”.

Esto ha impactado para que miles de personas repriman sus emociones y posterguen la búsqueda de ayuda profesional.

Así, la atención psicológica refleja una deuda social urgente que, además de ser presupuestal, se agrava por lo cultural.

Por una parte, datos de la Secretaría de Salud del gobierno Federal estiman que poco más del 80% de las personas con trastornos mentales y por uso de sustancias, no reciben la atención adecuada, ya sea por estigmas, discriminación, infraestructura deficiente, personal insuficiente y barreras económicas. A su vez, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, indica que México cuenta con más de 357 mil profesionales de Psicología; de ellos, cerca del 70% son mujeres. Dichos especialistas laboran en hospitales, clínicas, escuelas, empresas, instituciones gubernamentales, centros comunitarios, áreas deportivas, sistemas penitenciarios y consultorios privados. En 2023, había cerca de ocho mil 600 psicólogos ejerciendo en instituciones públicas como: la Secretaría de Salud, (78.9%); IMSS, 6.3%; el ISSSTE, 2.4%, y otros centros de salud pública (12.3%).

Por otra parte, mientras México festeja a sus profesionales en Psicología, cabe reflexionar en lo individual: ¿cuánto sabemos sobre la atención psicológica? ¿cuánto la necesitamos y cuánto cuesta ignorarla?

En ese tenor, la atención psicológica no debe verse como un lujo o un tema reservado para unos cuantos, sino como un acto de valentía, esperanza y bienestar integral que ayude a prevenir graves padecimientos.

Es importante hacer cada vez más visible la necesidad de atención psicológica, tanto en políticas públicas, en lo colectivo y en lo individual, ya que la responsabilidad de la salud mental debe ser compartida.

A nivel global la Organización Mundial de la Salud (OMS) (quien precisa que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades) recomienda a los países invertir mínimo el 5% de su gasto en salud mental; México invierte solo 1.6%.

A nivel social, es relevante difundir información confiable que oriente a quienes buscan ayuda. Desde el ámbito familiar se debe procurar el apoyo para que quien lo necesite, reciba la atención necesaria. En lo individual, cada persona debe procurar su bienestar emocional dejando de lado estigmas y prejuicios.

De acuerdo al Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones, las nuevas generaciones han comenzado a romper esos prejuicios. Jóvenes y adultos entre los 18 y 35 años son actualmente quienes más buscan atención psicológica, especialmente por problemas relacionados con ansiedad, depresión, estrés, agotamiento emocional y crisis derivadas de relaciones afectivas o violencia. También ha aumentado la demanda entre adolescentes que enfrentan presiones escolares, problemas de identidad, adicciones y efectos emocionales derivados del uso excesivo de redes sociales.

En zonas urbanas, con mayor acceso a información y menor estigma generacional, quienes más buscan atención son adultos jóvenes. Las mujeres consultan con más frecuencia que los hombres, a pesar de que éstos presentan mayor riesgo de consecuencias graves.

En nuestro país, marcado por la incertidumbre económica, la violencia y el estrés permanente, y donde muchas personas han aprendido a sobrevivir en silencio, la atención psicológica se vuelve indispensable y representa, muchas veces, la posibilidad de volver a vivir con esperanza.

Un psicólogo no solamente escucha; acompaña, orienta y ayuda a las personas a comprender sus emociones, sanar heridas y recuperar el equilibrio frente a las presiones cotidianas.

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