Por Luis Sunderland Méndez
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23 de octubre de 2026

 

Llevamos algunas semanas enterándonos de la desgracia que viven cerca de 2.3 millones de jaliscienses en la ciudad de Guadalajara y algunos municipios conurbados, debido a los problemas con el suministro de agua potable. Cerca de 600 colonias están afectadas y, al abrir alguna llave para obtener el vital líquido, lo que reciben es una verdadera inmundicia contaminada, procedente del drenaje más insalubre.

En los medios, la presa El Zapotillo se ha vuelto famosa, como si se hubieran hecho malos trabajos en ella, cuando, en realidad, nunca funcionó como se planeó y Guadalajara y Guanajuato se quedaron sin esa nueva fuente de agua.

Pero, si ustedes se preguntan por qué sale agua sucia, deben saber que el problema estalló desde diciembre de 2025. Entre el 60 y el 65% del agua de la zona metropolitana proviene del lago de Chapala. Esa agua llega por dos vías: un acueducto que conduce a la Planta 1 de Miravalle y un sistema antiguo que incluye el canal de Atequiza y la presa Las Pintas.

A ese canal, abierto en 1956, llegan actualmente descargas de aguas negras procedentes de asentamientos irregulares y zonas industriales, como consecuencia del crecimiento urbano. La planta de Miravalle data de ese mismo año y fue ampliada en 1978; no fue diseñada para tratar agua con ese nivel de contaminación. El organismo estatal, SIAPA, reconoce el grave deterioro desde diciembre de 2025. Además, un monitoreo ciudadano realizado en 2026, con 256 análisis en 110 colonias, encontró que el 88% de las muestras carecía de cloro residual y presentaba coliformes fecales, E. coli y metales pesados, entre ellos plomo, mercurio, aluminio, cobre, cromo y zinc.

El gobernador actual, Pablo Lemus, ordenó dejar de utilizar la presa Las Pintas durante al menos seis meses, aunque eso significara racionar el agua en un 30%. La red tampoco ayuda: hay ocho kilómetros de tuberías colapsadas y tres mil socavones, tan solo en esta temporada de lluvias.

Durante el gobierno del presidente Calderón (2006-2012), se determinó que El Zapotillo sería la gran solución para dejar de depender de Chapala. El proyecto original contemplaba una cortina de 105 metros de altura, una capacidad de 911 millones de metros cúbicos y una entrega de 8.6 metros cúbicos por segundo: ocho para la ciudad de León, 1.8 para Los Altos y tres para Guadalajara, con un costo de ocho mil millones de pesos.

El problema era que se tendrían que inundar Temacapulín, Acasico y Palmarejo. Los habitantes de esas poblaciones, algunas organizaciones y el partido que ahora está en el poder, Movimiento Ciudadano (MC), se opusieron al proyecto. Finalmente, se logró que todos estuvieran de acuerdo y se procedió a la construcción de la presa.

Esta magna obra hidráulica era transexenal. En 2012, el presidente Peña y el gobernador Aristóteles Sandoval, junto con otras autoridades a cargo de la CONAGUA, modificaron el proyecto original: la cortina se redujo a 80 metros de altura. Además, la obra se ralentizó y no se terminó.

Llegó 2021 y López Obrador ya estaba en el poder. Fue entonces cuando el proyecto recibió un tiro en la cabeza. El día de la inauguración, el mismo que dijo que extraer petróleo no era la gran cosa, que solo era cuestión de abrir un agujero y succionarlo, ordenó, sin realizar estudios ni escuchar a los especialistas en la materia, que se abrieran seis ventanas vertedoras a la mitad de la cortina y se redujera la capacidad a la mitad. Todo esto, según se explica, para no inundar las tres poblaciones, cuyos habitantes ya estaban de acuerdo con el proyecto porque recibirían numerosos beneficios con su reubicación.

El proyecto pasó de ocho mil millones de pesos a más de 17 mil 248 millones y, según algunas auditorías, la cantidad final ascendió a 37 mil millones de pesos.

El organismo operador del agua en Jalisco, SIAPA, abastece a cerca de cinco millones 500 mil habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG). La planta de Miravalle representa el 42% del volumen de suministro, mientras que la zona afectada comprende el 38.5%, es decir, 2.3 millones de jaliscienses distribuidos en 627 colonias, con afectaciones previstas del 15 de octubre hasta marzo de 2027.

Sin embargo, los reportes sobre las afectaciones se remontan a marzo y las cifras son inciertas: se habla de entre 475 y 600 colonias con cambios en el color y el olor del agua. Al principio, las autoridades aseguraban que solo eran 170 las afectadas.

Las autoridades fueron responsables de esta barbaridad. Todos tuvieron su parte de culpa, pero el principal responsable sigue al mando desde Palenque: el mismo que canceló el aeropuerto de Texcoco y tomó innumerables decisiones populistas y absurdas, sin experiencia, sin escuchar a nadie y sin medir las consecuencias.

Si las cosas estaban mal, ¿por qué no ponerlas peor?

Ahora, las familias de Jalisco y Guanajuato tendrán que aguantar y tolerar el populismo y la ineptitud de los gobiernos local y federal.

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