Por Psicólogo Luis Jaime Sunderland López
Hoy en día he escuchado frecuentemente de diagnósticos tardíos del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad por lo que considero importante abordar este tema para comprenderlo mejor.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en la etapa adulta ha sido históricamente subdiagnosticado, en gran parte porque los criterios diagnósticos tradicionales se han centrado en la presentación infantil.
1. El mito del TDAH infantil: ¿Por qué se pasa por alto en adultos?
Durante décadas se asumió que el TDAH era un trastorno exclusivo de la infancia o que «se superaba» con la adolescencia. Hoy sabemos que aproximadamente entre el 50% y el 65% de los casos persisten en la edad adulta.
En la infancia: Predomina la impulsividad motora, correr, levantarse del asiento o interrumpir.
En la adultez: La hiperactividad externa suele internalizarse, convirtiéndose en una sensación crónica de inquietud interna, agotamiento mental, dificultad para relajarse y una mente acelerada que procesa múltiples estímulos en paralelo.
2. La disfunción ejecutiva como núcleo clínico
Las funciones ejecutivas (albergadas en la corteza prefrontal) actúan como el director de orquesta del cerebro. En el adulto con TDAH, este sistema de control central presenta alteraciones en la recaptación de dopamina y noradrenalina, lo que impacta directamente en:
Memoria de trabajo: Olvidar pendientes inmediatos, perder objetos cotidianos o perder el hilo de una conversación compleja a mitad de ella.
Iniciación de tareas (Parálisis por TDAH): La dificultad extrema para comenzar tareas que no generan una recompensa dopaminérgica inmediata, incluso cuando son importantes o deseadas.
Regulación emocional: Respuestas de frustración rápida (baja tolerancia a la frustración), cambios de humor repentinos y desregulación ante el rechazo percibido (sensibilidad al rechazo o RSD).
Gestión del tiempo («Ceguera temporal»): La incapacidad para calcular cuánto tiempo tomará una actividad, lo que genera una tendencia crónica al retraso o a la hiperconcentración.
3. El impacto invisible: Autoestima y comorbilidades
Vivir con TDAH no diagnosticado durante años somete a la persona a un esfuerzo adaptativo titánico. Muchos adultos desarrollan estrategias de compensación extremas (agendas rígidas, recordatorios constantes, presión por la perfección) para ocultar sus dificultades.
4. Hacia un abordaje integral en la adultez
El tratamiento más eficaz es multimodal, combinando:
Psicoeducación, Intervención farmacológica, Estrategias cognitivo-conductuales
Quiero que te quedes con algo importante: tener TDAH no significa que seas menos capaz, menos inteligente o que tengas menos posibilidades de alcanzar tus objetivos.
Quizá durante mucho tiempo has interpretado algunas de tus dificultades como falta de disciplina, irresponsabilidad, desinterés o incapacidad. Es posible que hayas sido demasiado exigente contigo mismo sin comprender por qué algunas cosas te cuestan más trabajo que a otras personas. Hoy tienes una oportunidad diferente: comenzar a comprenderte desde el conocimiento y no desde el juicio.
El diagnóstico no define quién eres; te proporciona información para entender cómo funcionas, reconocer tus necesidades y desarrollar herramientas que te permitan vivir mejor. No se trata de luchar constantemente contra tu manera de funcionar, sino de aprender a trabajar contigo mismo, identificar tus fortalezas, reconocer tus dificultades y construir estrategias que te ayuden a avanzar.
No necesitas convertirte en otra persona para sentirte capaz. Necesitas aprender a comprenderte, aceptarte y desarrollar recursos para aprovechar mejor tus capacidades.
Psicólogo Luis Jaime Sunderland López
procesoterapeuticolj@gmail.com
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