Por Daniel Lee
Durante décadas, la imagen del mexicano en Estados Unidos quedó reducida a la del trabajador que cruza la frontera para conseguir un salario, sostener a su familia y enviar remesas. Esa realidad sigue siendo fundamental, pero ya no alcanza para explicar el verdadero peso de la comunidad mexicana en la economía estadounidense.
Hay una transformación que empieza a cobrar mayor relevancia: el mexicano que deja de ser únicamente trabajador para convertirse también en empleador.
El dato es importante. En el segundo trimestre de 2026, alrededor de 19.03 millones de trabajadores mexicanos estaban empleados en Estados Unidos. Casi 4.8 millones se desempeñaban en ocupaciones de administración, profesionales y relacionadas. La fuerza laboral mexicana, por tanto, no sólo es numerosa: también avanza hacia actividades de mayor especialización y responsabilidad.
Pero el cambio más importante ocurre cuando esa fuerza laboral comienza a generar nuevos puestos de trabajo.
El empresariado latino ofrece una dimensión clara de esta transformación. En 2023 existían más de 495 mil empresas propiedad de latinos con empleados, que generaban más de 3.8 millones de puestos de trabajo y alrededor de 730 mil millones de dólares en ingresos anuales. Las cifras corresponden al conjunto del empresariado latino, no exclusivamente al mexicano, pero permiten dimensionar el mercado en el que los emprendedores de origen mexicano están participando y creciendo.
Entre 2017 y 2023, además, los negocios latinos empleadores agregaron aproximadamente 976 mil puestos de trabajo. El fenómeno ya no puede considerarse marginal: constituye una fuente importante de ocupación dentro de la economía estadounidense.
Y los mexicanos tienen un enorme campo para crecer.
Estados Unidos concentra una población de origen mexicano de aproximadamente 40 millones de personas, mientras más de 11 millones de personas nacidas en México viven actualmente en ese país. Es una comunidad que no sólo representa una fuerza laboral de enorme magnitud, sino también un mercado, una red empresarial y una reserva de talento.
La pregunta, entonces, debería cambiar.
No basta con preguntar cuántos mexicanos trabajan en Estados Unidos o cuánto dinero envían a México. Hay que saber cuántos negocios mexicanos existen, cuántos trabajadores contratan, cuánto empleo generan y hasta dónde podrían crecer si tuvieran mejores condiciones de financiamiento.
Ahí está uno de los grandes pendientes.
El empresariado latino está entrando con fuerza en sectores tecnológicos. Stanford reporta que 26% de los negocios latinos encuestados opera en sectores considerados tecnológicos. FinTech, educación, bienes raíces, logística, servicios especializados y otras actividades ofrecen posibilidades de expansión que van mucho más allá del pequeño negocio familiar.
Sin embargo, el acceso al capital continúa siendo una barrera. Entre las empresas latinas que solicitaron un millón de dólares o más, sólo 22% obtuvo el financiamiento completo, frente a 45% de las empresas propiedad de personas blancas. La brecha no es únicamente financiera: también es laboral.
Una empresa que no consigue capital no puede abrir otra sucursal, comprar tecnología, ampliar operaciones ni contratar más personal. Cada obstáculo para escalar una compañía representa, en consecuencia, empleos que no llegan a crearse.
McKinsey estima que eliminar algunas de las principales barreras que enfrentan las empresas latinas podría generar entre cinco y seis millones de nuevos empleos en Estados Unidos. La cifra no corresponde exclusivamente a empresarios mexicanos, pero muestra el potencial laboral que existe detrás de este sector.
El reto está en lograr que más empresas sobrevivan y crezcan. Actualmente, las empresas latinas empleadoras tienen en promedio ocho trabajadores, y menos de 2% supera los 50 empleados. El desafío ya no es solamente emprender: es escalar hasta convertirse en una fuente significativa y permanente de ocupación.
Aquí México tiene mucho que hacer.
Durante años ha aprendido a medir a sus migrantes a través de las remesas. Cuenta los dólares que llegan a las familias, pero poco mide el valor económico que permanece en Estados Unidos: empresas, salarios, empleos, conocimiento, tecnología, cadenas de proveedores y redes comerciales.
Un trabajador mexicano que recibe un salario sostiene a su familia. Un empresario mexicano que contrata trabajadores puede sostener a muchas familias.
Esa diferencia debería modificar la política económica hacia la comunidad mexicana en Estados Unidos.
México tendría que impulsar programas binacionales de capacitación empresarial, acceso a financiamiento, transferencia tecnológica y vinculación comercial que permitan a los emprendedores mexicanos crecer en el mercado estadounidense y, al mismo tiempo, construir puentes con proveedores, inversionistas y empresas mexicanas.
Porque el verdadero potencial no está solamente en que un mexicano consiga un empleo mejor remunerado. Está en que pueda convertirse en el empleador que genere diez, veinte, cincuenta o cientos de puestos de trabajo.
El país tiene millones de compatriotas integrados al mercado laboral estadounidense. Una parte de ellos ya está dando el siguiente paso: crear empleo en lugar de únicamente ocuparlo.
Ese cambio merece ser reconocido y medido.
¿No cree usted?
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