Por Julio de Jesús Ramos García
La relación comercial entre México y Estados Unidos atraviesa un momento decisivo. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha endurecido su postura para reducir el déficit comercial de su país, mientras que el gobierno de Claudia Sheinbaum busca alcanzar un acuerdo que proteja las exportaciones mexicanas, la inversión y la estabilidad económica.
El 19 de octubre, Trump aseguró que ambos gobiernos están cerca de concretar un acuerdo comercial que permitiría reducir el déficit estadounidense con México. Sin embargo, todavía no se conocen los términos definitivos y las negociaciones continúan marcadas por las diferencias en materia de aranceles y comercio bilateral
El déficit comercial, en el centro de la negociación
La preocupación de Washington tiene cifras concretas. De acuerdo con información de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, el déficit estadounidense en el comercio de mercancías con México alcanzó aproximadamente 196 mil 900 millones de dólares en 2025, un incremento de 14.8% respecto al año anterior.
La negociación comercial entre México y Estados Unidos vuelve a colocar al dólar en el centro de la incertidumbre financiera. Donald Trump busca reducir el déficit comercial estadounidense, mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de proteger las exportaciones mexicanas, la inversión y el empleo sin ceder competitividad económica.
El problema es que reducir el déficit comercial no depende únicamente de comprar más productos estadounidenses. Las economías de ambos países están profundamente conectadas mediante cadenas de suministro que sostienen sectores estratégicos como el automotriz, el electrónico y el manufacturero.
¿Qué pasará con el dólar? Si las negociaciones avanzan y se alcanza un acuerdo que brinde certidumbre a los mercados, el peso mexicano podría fortalecerse. Pero si aumentan las amenazas arancelarias o se deteriora la relación bilateral, el dólar podría ganar terreno frente a nuestra moneda.
Un dólar más caro encarece las importaciones, la maquinaria, la tecnología y diversos productos de consumo. Aunque puede favorecer a ciertos exportadores y a quienes reciben remesas, también representa un riesgo para las empresas que dependen de insumos extranjeros y para el bolsillo de los mexicanos.
El verdadero desafío para México es negociar sin comprometer su competitividad, fortalecer el mercado interno y diversificar sus socios comerciales. La estabilidad cambiaria también dependerá de las tasas de interés, la inflación y la confianza de los inversionistas.
La conclusión es contundente: el dólar no subirá necesariamente por el déficit comercial, pero una negociación fallida podría aumentar la presión sobre el peso. México no solo se juega un acuerdo comercial con Estados Unidos; también se juega la confianza de los mercados, la inversión y parte de su estabilidad económica.
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