Por Orlando Linares López
Después de la Revolución Mexicana, las haciendas dejaron de ser uno de los motores de la economía nacional. Las que fueron grandes unidades de producción agropecuaria y minera, empezaron a quedar en el abandono.
Durante el referido conflicto armado, la mayoría de las haciendas fueron saqueadas, otras destruidas casi en su totalidad y en las décadas posteriores a la Reforma Agraria y el Reparto de tierras, muchas de ellas quedaron, sin recursos, en ruinas y perdieron hasta su riqueza arquitectónica.
En años recientes, programas gubernamentales sumados a iniciativas de inversionistas privados, han enfocado esfuerzos para revivir y dar a conocer estas joyas ocultas de México que constituyen un invaluable patrimonio histórico y cultural.
Registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) indican que, a lo largo del territorio nacional, hay más de dos mil 500 cascos de ex haciendas con distintos grados de conservación, para su preservación muchas de ellas han sido remozadas y convertidas en productos turísticos que ofrecen experiencias únicas y memorables.
De manera que el renacimiento de las haciendas mexicanas ha implicado transformar antiguas fincas en espacios de lujo, hoteles boutique, museos, centros turísticos y sedes para eventos.
En ese tenor, en diciembre pasado, la titular de la Secretaría de Turismo del Gobierno Federal destacó que las haciendas representan una parte fundamental de la historia del país; que muchas de ellas fueron espacios autosuficientes que integraban actividades agrícolas, ganaderas, mezcaleras o pulqueras, entre otras, y que, por su relevancia histórica, es esencial incorporarlas a la estrategia turística nacional.
De acuerdo con la Asociación de Haciendas de México, más de 100 de estas propiedades, ubicadas en diversas regiones del país, están enfocadas a la preservación, protección y reactivación del patrimonio histórico rural, además de contribuir al desarrollo económico y comunitario de las localidades donde se ubican.
En este proceso se ha rescatado la esencia arquitectónica de sus edificaciones, patios centrales, acueductos, capillas, trojes, entre otros, y han integrado jardines, terrazas, mobiliario artesanal de lujo, conectividad tecnológica y otras funcionalidades. Además de conservar las estructuras históricas, también buscan contribuir a activar la economía local mediante el turismo, la gastronomía y la generación de empleos en las zonas aledañas.
En esta nueva etapa, la riqueza y el patrimonio arquitectónico -que data de los siglos XVIII y XIX- de las haciendas mexicanas, que otrora albergó a uno de los principales motores económicos del país, pero que también fue escenario de una profunda desigualdad social; hoy renace y experimenta una transformación orientada a posicionarlas como un nuevo motor económico enfocado en un modelo de negocio donde el patrimonio histórico se combina con servicios modernos, turismo de lujo, agroindustria y la preservación cultural, a los que –otra vez- solo puede acceder una minoría.
Bajo ese contexto y potencial, la Hacienda Chimalpa, ubicada en el estado de Hidalgo, fue el escenario para la presentación del libro Haciendas Lugares Mágicos Bodas México, un esfuerzo que concentra las cualidades y beneficios que muchas de ellas ofrecen a las personas que decidan hacer de su boda una celebración, acontecimiento o ritual irrepetible, en un escenario cuyo esplendor natural renace para ser el escenario de experiencias que trasciendan los tiempos.
Facebook Comments