Por Raúl García Rodríguez

* Sinaloa, de crisis local a confrontación nacional

Qué rápido pasaron los morenistas del respaldo al deslinde operativo en el caso de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa. El TUCRoM se activó, pero el daño ya estaba hecho.

Transitaron en pocas horas por el camino fácil la presidente Claudia Sheinbaum, la dirigencia de Morena, legisladores y gobernadores. El objetivo, evitar que los señalamientos de narcopolítica afecten de forma sistémica al proyecto de la cuarta transformación.

Desde palacio nacional la instrucción fue clara: argumentar que las posibles responsabilidades penales son de carácter estrictamente individual y personal. Se intenta evitar que el costo reputacional se transfiera a las listas parlamentarias o a las candidaturas para las gubernaturas de 2027.

Una cosa es clara: la solicitud de licencia y la marginación de grupos vinculados al gobierno de Sinaloa han desencadenado disputas internas para definir quiénes encabezarán los distritos federales y la postulación a la gubernatura.

El escándalo y potencial rompimiento interno del morenato expone diversos escenarios a nivel nacional. Uno de ellos vinculado con la probable pérdida de distritos competitivos de mayoría relativa, que obligará al oficialismo a depender más de las listas plurinominales y las alianzas partidistas.

Otro es el contagio mediático en estados del Pacífico y el norte del país con problemáticas de seguridad, donde la oposición utilizará el caso como eje articulador de campaña.

A lo anterior debe sumarse un posible incremento de la abstención y/o movilización del voto de castigo entre sectores no alineados a ningún partido, lo que en los hechos reduciría los márgenes de triunfo cómodo.

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