Por: Orlando Linares López
Con el aumento e intensidad de las lluvias, entre niebla, humedad y musgo, el suelo boscoso se llena de una riqueza esperada por muchos: los hongos silvestres.
En México, por generaciones, los hongos silvestres han sido una tradición, principalmente, de comunidades rurales para quienes, más que costumbre alimentaria, representan: conocimiento ancestral, identidad, convivencia con la naturaleza y una oportunidad para que las familias obtengan ingresos económicos.
Es durante la temporada de lluvias cuando habitantes de comunidades cercanas a las zonas boscosas emprenden su búsqueda y -con una precisión que ningún libro podría enseñar del todo- distinguen cuál hongo es alimento y cuál es veneno; cuál cura y cuál mata.
Ese conocimiento, transmitido de abuelas a nietas, de padres a hijos, es un tesoro invaluable que se resiste a desaparecer, incluso cuando el mundo moderno parece empujarlo al olvido.
Recolectar hongos requiere experiencia, memoria y respeto por un ecosistema que durante siglos ha formado parte de la vida de muchas comunidades mexicanas.
La trascendencia de esta actividad se ha convertido incluso en motivo de celebración en diversas comunidades y ciudades del centro del país, principalmente. Y en ese sentido, el gobierno de México, a través de la Secretaría de Cultura, al celebrar –a principios del mes de agosto- el “Festival de los hongos silvestres”, destacó que: “vincula memoria, cuidado de los ecosistemas y comercio directo para que la riqueza biocultural de México se traduzca también en bienestar para quienes la mantienen viva”.
Además, se busca -según la institución- generar espacios para su transmisión y para que sus productos lleguen de manera directa al público, con beneficios para las comunidades.
Lo cierto es que mediante ferias y exposiciones regionales y nacionales ha sido posible reunir a recolectores, cocineras tradicionales, investigadores, productores y visitantes interesados en conocer la enorme diversidad de especies que ofrece el bosque, y que, además, se muestran como ingredientes de la gastronomía tradicional, como parte de prácticas de medicina popular y como expresión de la riqueza ambiental y cultural del país.
De acuerdo a especialistas, los hongos silvestres aportan proteínas, fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos nutricionales. Algunas especies han sido estudiadas por sus propiedades medicinales y sus beneficios a la salud.
En cifras, se calcula que en México existen alrededor de 200 mil especies de hongos, de las cuales solo se tiene información de entre el 3.5 y el 5% tanto en la investigación nacional como en la internacional. De ese universo, se han documentado 320 especies, aproximadamente, que son de interés gastronómico, lo cual demuestra su importancia como parte de la cultura.
Aunque para muchas familias, esta actividad se ha convertido en un salvavidas económico, también es fundamental tener en cuenta que no todos los hongos son comestibles por lo que una selección equivocada puede representar un riesgo grave, así que la recolección deben realizarla personas conocedoras y responsables para quienes el cuidado del bosque adquiere un sentido práctico y emocional. Destruirlo significa acabar con la posibilidad de sustento para el presente y el futuro.
La temporada de lluvias seguirá llegando, año tras año, y con ella, el bosque seguirá regalando sus hongos a quienes saben escucharlo.
Así lo entienden las personas que recolectan hongos e invitan a fortalecer una cultura de cuidado a los bosques, sin ella la tradición corre el riesgo de perderse, junto con conocimientos que no siempre están escritos, sino que viven en la memoria de quienes aprendieron a reconocer la riqueza que brinda la naturaleza.
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