Por: Orlando Linares López
Recientes datos estadísticos refieren que en México el 30% de los empleos formales están en riesgo ante la automatización. Más aún, el 69% de las empresas mexicanas buscan invertir para automatizar sus procesos productivos y de servicios.
A nivel mundial, vivimos una realidad donde la automatización mediante robots, algoritmos y sistemas inteligentes está transformando la economía y las estructuras de los ámbitos laborales.
Al tiempo que se implementan nuevas tecnologías y se utiliza la Inteligencia Artificial (IA) para aumentar y, en mucho, mejorar la productividad, también crece la incertidumbre sobre el futuro de ciertas ocupaciones.
Diversos estudios indican que, en muchos empleos se aplican rutinas repetitivas o predecibles, lo cual abre oportunidades de mejora a través de una máquina o un algoritmo que reemplaza las habilidades de las personas; ésta es una tendencia que se acentuará a lo largo de la próxima década.
De acuerdo a los investigadores, las ocupaciones con mayor probabilidad de automatización son las que mantienen procedimientos estructurados y estandarizados, tareas repetitivas y baja necesidad de juicio creativo. Dentro de ellas se pueden mencionar las relativas a labores administrativas, contables, manufactura, ensamblaje, recepción de pagos, ventas a detalle, transporte de mercancías, capturista de datos, entre otras, que pueden ser reemplazadas mediante algún software.
Por otra parte, se estima que en México alrededor del 60% de las actividades laborales poseen características que dificultan su automatización completa, ya que para realizarlas se requieren habilidades que las máquinas no pueden replicar fácilmente. Muchas de dichas actividades requieren de elementos como la empatía, el pensamiento crítico, la creatividad, la interacción social y el trabajo físico.
Algunas de ellas son las profesiones relacionadas a la educación, la salud, las artes, la gestión estratégica, las habilidades sociales y emocionales, la mediación, la negociación, el liderazgo; así como, los trabajadores de la construcción, jornaleros agrícolas y personal de limpieza, entre otras. Para estas áreas, la IA puede ser de gran apoyo, pero es menos probable que desplace a la labor humana.
En esta realidad del país, donde una proporción considerable de empleos puede verse afectada, es previsible que muchos de quienes pierdan su empleo formal, irán a buscar la subsistencia en la informalidad, que dicho sea de paso constituye el 55% de la fuerza laboral nacional.
Si bien, en México hay un mayor porcentaje de ocupaciones con menor riesgo de automatizarse, no se debe perder de vista que IA cambiará la forma en que trabajamos.
Para quienes pierdan empleos tradicionales, la capacitación tecnológica, la formación en habilidades digitales y humanas, la adaptación a nuevos roles y el emprendimiento, serán claves. Esto implica cambiar para encarar nuevos desafíos y generar nuevas oportunidades que permitan el desarrollo profesional en un mundo cada vez más tecnológico.
En este contexto, particularmente para el sector juvenil, que está construyendo su proyecto de vida, es importante considerar tendencias clave donde más que aprender tareas específicas, se desarrollen habilidades para la resolución de problemas, pensamiento crítico, creatividad y comunicación efectiva.
De igual manera, interesarse en cómo funciona la IA, interactuar con herramientas digitales y adaptarse a nuevos sistemas sin dejar de lado la capacidad de trabajar en equipo, las relaciones humanas y los aprendizajes permanentes, dado que, si muchos trabajos no existirán mañana, otros nuevos surgirán.
Frente a la nueva realidad donde la IA es imparable, debemos reflexionar para prevenir y anticipar sin temer.
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