Por Luis Sunderland Méndez
X@LouSunderland
16 de enero d 2026
En el “Cuarto de Guerra” de la presidente Sheinbaum, existe una ambivalencia permanente entre el asesorar estratégicamente a su jefa o cumplir con la lealtad a López, a ella y al régimen de la 4t.
Desde que inició su mandato, millones en la opinión pública no entendemos dónde está parada, si en sus promesas de campaña o en la manera gerencial en que piensa que cumple su responsabilidad. Todos los días surge algo que nos hace pensar que los asesores de Sheinbaum, no están a la altura de los desafíos técnicos y geopolíticos que se deben de enfrentar, y que están inmóviles por su ideología e intereses creados.
No solo la oposición oficial, sino millones de ciudadanos, percibimos todos los días la ineptitud e inoperancia del equipo cercano de asesores presidenciales. Esto se refleja en la desconfianza que tienen los distintos sectores económicos, sociales y hasta diplomáticos, que se dan cuenta de que ella no da respuestas ágiles, oportunas y congruentes con la situación que estamos viviendo ante las crisis emergentes.
Los asesores viven entrampados en la ideología sobre la técnica, priorizan la lealtad política, sobre la capacidad técnica. No son un filtro que analice la realidad y ofrezca soluciones pragmáticas.
Solo se concretan a dar respuestas reactivas en lugar de proactivas y las consecuencias, acaban con reveses judiciales o logísticos que solo han ayudado a desgastar más aún la figura presidencial, independiente de que ella no ayuda mucho, su estilo arrogante característico, la lleva a solo hablarle a los mexicanos que están atrapados por diferentes redes, la de los programas sociales o las del empleo y su respectivo salario.
Un buen equipo de asesores debe funcionar como un contrapeso intelectual, de otra manera, la presidencia queda totalmente vulnerable a puntos ciegos estratégicos sobre todo en los temas de seguridad y relaciones internacionales.
Como están ahora las cosas, la política mexicana no se puede dar el lujo de transitar en la curva de aprendizaje, solo ver su desarrollo esta semana, en los dos telefonemas, el del canciller y el de la propia presidente, la terrible falta de preparación de ella para lo que quería decirle al mandatario estadounidense, provocó que Trump en 15 minutos terminara la comunicación, argumentando que tenía asuntos más importantes que atender.
La presidente pretende enfrentar a México con menos margen fiscal y un entorno global completamente hostil y quiere operar con el “manual de ayer”, qué mayor prueba de la ineptitud.
La señora presidente está en un punto de inflexión y si su equipo de asesores no deja la complacencia política y entra a la eficacia técnica, la inoperancia terminará de percibirse en todos los ámbitos y será un lastre que arrastrará en el resto de su administración. No entiende que no solo se trata de su real voluntad, se requiere de experimentados asesores que le digan al oído: Cuidado señora presidente, ese no es el camino que debe seguir.
El tema de la inseguridad es el flanco más costoso de la ineficacia e inoperancia de sus actuales asesores, éste no se mide en puntos del PIB, sino en vidas humanas. La Estrategia Nacional de Seguridad tiene grandes grietas profundas que en Los Estados Unidos se amplifican y nos están llevando a un desenlace que nadie quiere.
Su empeño en llamar vendepatrias y traidores a los que se oponen a su 4t, es uno de sus errores garrafales, porque dentro de los que nos oponemos a sus designios, tenemos todo debidamente claro, su mayoría en el Congreso que le ha permitido quedarse con los cinco poderes, es ilegal y artificial. Nunca ha comprendido que es la presidente de todos los mexicanos y que habemos millones que no estamos de acuerdo con su política de avasallamiento.
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