Por Daniel Lee

+ Cuando tu propia tierra te resulta ajena

Por décadas, México construyó un discurso que glorificó al migrante. Se exaltó al trabajador que cruzaba la frontera para enviar remesas, sostener comunidades enteras y convertirse en un héroe económico a la distancia. Pero muy pocas veces se habló del otro lado de la historia: ¿qué ocurre cuando ese migrante regresa? ¿Qué sucede cuando vuelve por decisión propia, por una deportación o porque la política migratoria estadounidense le cerró definitivamente las puertas?
En una calle de la colonia Tabacalera, en la Ciudad de México, la respuesta comienza a escribirse todos los días. Ahí, una comunidad bautizada como Little Los Ángeles se ha convertido en mucho más que un refugio para deportados. Es el retrato de un fenómeno que México apenas empieza a comprender: miles de personas que regresan a un país que legalmente es suyo, pero que en muchos sentidos les resulta desconocido.
En ese espacio conviven deportados, dreamers, migrantes retornados, familias binacionales y jóvenes que crecieron prácticamente toda su vida en Estados Unidos. Muchos hablan mejor inglés que español. Algunos jamás habían tramitado una credencial para votar, un acta de nacimiento mexicana o una cuenta bancaria nacional. Otros llegan acompañados de hijos estadounidenses que desconocen la cultura, el sistema educativo e incluso el idioma del país donde ahora deberán crecer.
Paradójicamente, cruzaron una frontera para descubrir que también existe otra, invisible, dentro de México.
La organización New Comienzos intenta llenar un vacío que debería corresponder al Estado. Proporciona alojamiento temporal, alimentación, orientación, apoyo emocional y acompañamiento para conseguir empleo. No ofrece privilegios; ofrece algo mucho más elemental: la posibilidad de empezar de nuevo.
Porque regresar también implica reconstruir una identidad. La deportación suele imaginarse como el instante en que un migrante es entregado por las autoridades estadounidenses en la frontera. Sin embargo, ese momento apenas representa el inicio de una cadena de pérdidas. Se pierde el empleo, la vivienda, el patrimonio construido durante años, las redes sociales, la estabilidad económica y, en muchos casos, el contacto cotidiano con la familia.


Lo que rara vez aparece en las estadísticas es el costo psicológico del retorno forzado.
Muchos regresan con sentimientos de fracaso, ansiedad o depresión. Otros enfrentan la culpa de haber dejado atrás a hijos o padres. Algunos llegan sin conocer absolutamente a nadie en la ciudad donde deberán comenzar otra vez.
No son únicamente deportados. Son personas desplazadas por decisiones políticas.
En ese contexto resulta revelador que alrededor del 70 por ciento de quienes llegan a Little Los Ángeles encuentren trabajo en centros de atención telefónica. No se trata de casualidad. Hablan inglés con fluidez, conocen la cultura estadounidense y poseen habilidades de comunicación altamente valoradas por empresas que atienden clientes en Estados Unidos.
Historias como la de Iván ilustran una ironía difícil de ignorar. Atiende desde México a consumidores estadounidenses para empresas instaladas o subcontratadas en territorio nacional. Es decir, fue expulsado físicamente de Estados Unidos, pero continúa trabajando para su economía.
La globalización encontró la manera de mantener su talento conectado al mercado estadounidense, aunque ya no tenga derecho a vivir en él.
Esto también revela una enorme oportunidad para México.
Durante años se insistió en que la migración significaba fuga de capital humano. Hoy regresan personas bilingües, con experiencia laboral internacional, conocimientos técnicos, dominio tecnológico y capacidades interculturales que podrían convertirse en una ventaja competitiva para el país.
Sin embargo, el aprovechamiento de ese capital humano sigue dependiendo más de organizaciones civiles que de políticas públicas estructuradas.
Mientras asociaciones como New Comienzos construyen redes de apoyo con recursos limitados, el Estado mexicano continúa reaccionando de manera fragmentada. Existen programas de reinserción, pero con frecuencia resultan insuficientes frente a la magnitud del fenómeno.
Sígueme en mis redes sociales: @DANIELLEE69495 https://www.facebook.com/profile.php?id=61575781711542

Facebook Comments