Por el bienestar animal, su rescate por parte de personal de la Dirección de Fomento Ambiental de la institución evidenció la importancia de actuar ante riesgos.
En los senderos menos transitados de Ciudad Universitaria, donde el ir y venir de estudiantes se diluye entre áreas verdes y pendientes, “Mantequilla” encontró refugio junto a sus siete cachorros. Su historia, sin embargo, no pasó desapercibida: entre quienes la alimentaban y quienes alertaron sobre su comportamiento agresivo, se encendió una señal que la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) atendió con responsabilidad.
La presencia del animal, que se desplazaba entre distintos puntos del campus —desde las inmediaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales hasta accesos concurridos—, derivó en reportes formales luego de que se registraran episodios de mordeduras.
La Máxima Casa de Estudios mexiquense reconoce que la convivencia con fauna en espacios abiertos implica retos constantes. Por ello, trabaja en el fortalecimiento de mecanismos de atención que consideren todas las perspectivas: desde quienes cuidan y alimentan a los animales, hasta quienes pueden sentirse inseguros ante su presencia.
Fue entonces cuando entraron en acción los protocolos institucionales, pensados no solo para proteger a la comunidad universitaria, sino también para garantizar el bienestar de los animales involucrados.
Israel Gustavo Reyes Reyes, director de Fomento Ambiental de la Secretaría de Gobernanza de la UAEMéx, explicó que la intervención fue cuidadosa y progresiva. Primero, “Mantequilla”; después, sus cachorros, rescatados en un terreno de difícil acceso en dos momentos distintos.
La escena, más que un operativo, fue un esfuerzo coordinado para poner a salvo a una familia completa en condición vulnerable.
El destino de los lomitos fue el Centro Integral Multiespecie del Estado de México, ubicado en el municipio de Zinacantepec, donde ahora reciben atención especializada, alimentación adecuada y seguimiento veterinario. Ahí, además, se llevan a cabo procesos de esterilización como parte de una estrategia más amplia que busca evitar la sobrepoblación y mejorar la calidad de vida de los animales.
Pero la historia no termina en el resguardo. Tres de los cachorros ya fueron adoptados, abriendo la posibilidad de un nuevo comienzo lejos de los riesgos de la vida en la calle. Para la UAEMéx, estos desenlaces son parte de una visión que apuesta por soluciones humanitarias y sostenibles.
A esta intervención se sumó un elemento clave: las condiciones del entorno. La decisión de retirar de Ciudad Universitaria a los lomitos respondió también a que los espacios universitarios no son adecuados para su alojamiento permanente.
Más allá de la dinámica cotidiana del campus, la presencia de estos animales implicaba riesgos desde una perspectiva de biodiversidad, ya que la convivencia con otras especies en la zona genera escenarios de competencia y posibles afectaciones al equilibrio ecológico.
En ese sentido, la acción no solo atendió una situación inmediata de seguridad, sino que también buscó preservar el entorno natural que forma parte del campus.
Así, entre la empatía y la prevención, la UAEMéx construye una política que busca equilibrar el respeto por la vida animal con la seguridad de su comunidad, recordando que incluso en los rincones más apartados de sus campus, cada historia merece ser atendida.
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