Por Julio de Jesús Ramos García

Muy apreciables lectores, sabemos que, durante décadas, las empresas globales buscaron producir donde los costos fueran más bajos. Hoy, esa lógica está cambiando. Las tensiones comerciales, los conflictos geopolíticos, la transformación tecnológica y la necesidad de cadenas de suministro más resistentes están dando paso a cuatro estrategias que pueden redefinir la economía mundial: Nearshoring, Reshoring, Offshoring y Friendshoring.

Para México, entenderlas y aplicarlas correctamente puede representar una oportunidad histórica.

El Nearshoring consiste en trasladar operaciones a países cercanos al mercado principal. México tiene aquí una ventaja evidente: su ubicación geográfica, su integración comercial con Estados Unidos y Canadá y su participación en el T-MEC lo convierten en un candidato natural para recibir nuevas inversiones industriales.

Pero el verdadero reto no es solamente atraer fábricas. Es generar proveedores nacionales, infraestructura, energía suficiente, agua, talento especializado, conectividad y tecnología. Si México únicamente ensambla productos con componentes importados, el beneficio económico será limitado.

El Reshoring, por su parte, busca regresar la producción al país de origen de una empresa. Aunque México no es el destino directo de esta estrategia, puede convertirse en un socio fundamental cuando las compañías estadounidenses deciden reorganizar sus cadenas productivas y buscan proveedores confiables y cercanos.

El Offshoring continúa siendo relevante. Consiste en trasladar actividades a otros países para aprovechar ventajas de costos, talento o especialización. México puede participar en este modelo no solamente mediante manufactura, sino también mediante software, centros de datos, servicios financieros, ciberseguridad, inteligencia artificial y servicios empresariales.

Finalmente está el Friendshoring, una estrategia cada vez más importante en un mundo marcado por la competencia entre grandes potencias. Las empresas buscan proveedores y socios ubicados en países considerados confiables política y económicamente.

Y aquí México vuelve a tener una oportunidad estratégica.

La cercanía con Estados Unidos, la relación comercial con Norteamérica y su posición dentro de las cadenas globales de suministro pueden convertir al país en un aliado importante para industrias como automotriz, semiconductores, dispositivos médicos, aeroespacial, electrónica, logística y tecnologías digitales.

Sin embargo, existe una condición: México debe pasar de ser un receptor de inversiones a convertirse en un generador de valor, el siguiente gran paso del Nearshoring no debería medirse solamente por cuántas empresas extranjeras llegan, sino por cuánto conocimiento, innovación, empleos especializados y empresas mexicanas se incorporan a esas cadenas.

La inteligencia artificial, la automatización y la robótica también cambiarán el escenario. Una planta que llegue a México dentro de cinco años no necesariamente tendrá miles de trabajadores; probablemente tendrá menos empleados, pero mucho más especializados y trabajando junto a sistemas automatizados.

Por eso, la educación técnica, la formación dual, las universidades y la capacitación empresarial serán tan importantes como los parques industriales.

Nearshoring, Reshoring, Offshoring y Friendshoring no son solamente conceptos empresariales: representan una nueva geografía económica mundial.

México tiene la ubicación, los tratados comerciales y una industria manufacturera competitiva. Ahora necesita construir las condiciones para que esa ventaja se traduzca en mayor productividad, mejores salarios, innovación y desarrollo de empresas nacionales.

El desafío es claro: que México no sea solamente el lugar donde las empresas producen, sino el lugar donde también diseñan, desarrollan, innovan y toman decisiones; ahí estará la verdadera oportunidad económica de esta nueva era.

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