+ De la erosión democrática a la supresión explícita de las elecciones.

 

Publicado en acento.com.do

Durante años, Nicaragua transitó un proceso gradual de concentración de poder. Daniel Ortega regresó a la Presidencia en 2007 y, desde entonces, modificó las reglas del sistema político para garantizar su permanencia. Primero eliminó los límites a la reelección; luego subordinó al Poder Judicial, al Legislativo, a las fuerzas de seguridad y al sistema electoral; finalmente, encarceló o expulsó a sus principales adversarios políticos antes de las elecciones de 2021.

Sin embargo, la declaración pronunciada por Ortega el pasado domingo 19 de julio marca un punto de inflexión. “Aquí no habrá más elecciones para que intenten tomar el gobierno y el poder”, recalcó durante la conmemoración del triunfo de la Revolución Sandinista.

“Jamás, jamás, jamás (…) Se acabaron los días en que los partidos apoyados por los yanquis (Estados Unidos) y los somocistas volvían al poder; nunca más”, insistió, al referirse a la posibilidad de futuros comicios.

Hasta ahora, el oficialismo había preservado al menos la arquitectura formal de la democracia electoral, aunque vaciada de contenido. Las elecciones seguían existiendo, aun cuando fueran ampliamente cuestionadas por organismos internacionales y celebradas sin competencia real. Pero ahora, con esta declaración, Ortega parece abandonar incluso esa ficción.

Y es que la democracia no muere en un solo día, sino que suele morir por etapas. En Nicaragua, probablemente estamos presenciando la última de ellas, destacan los analistas.

“Ortega reconoció públicamente cuál ha sido siempre su verdadera intención: impedir que su proyecto tiránico sea sometido a cualquier forma de competencia democrática”, declaró a la agencia de noticias Reuters Félix Maradiaga, quien fue aspirante a la Presidencia por la oposición y estuvo encarcelado en Nicaragua entre 2021 y 2023 antes de ser expulsado a Estados Unidos.

Las más recientes declaraciones de Ortega más que una demostración de fuerza, sintetizan “una confesión de miedo”, subrayó.

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