Por Julio de Jesús Ramos García

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una nueva infraestructura económica. La batalla ya no consiste únicamente en quién desarrolla el modelo más inteligente, sino en quién controla el cómputo, los datos, los chips, la nube, los dispositivos y, sobre todo, la relación cotidiana con el usuario,  que no solamente busca crear el modelo más poderoso, sino controlar la manera en que trabajamos, estudiamos, compramos y nos comunicamos.

El lanzamiento de Muse Glimmer por Meta confirma esta aceleración: modelos de IA cada vez más eficientes y capaces de ejecutarse en equipos de consumo, acercando la inteligencia artificial directamente a los dispositivos.

Google apuesta por Gemini, su nube y el enorme ecosistema de Android, YouTube y su buscador. OpenAI, con ChatGPT, busca convertirse en una plataforma cotidiana para millones de personas y empresas.

La pregunta es: ¿qué está haciendo México frente a esta revolución?

Nuestro país tiene una oportunidad histórica. El crecimiento de la manufactura tecnológica, los centros de datos y el nearshoring puede convertir a México en un actor importante de la nueva economía digital.

Pero existe una diferencia fundamental: una cosa es fabricar tecnología y otra desarrollar tecnología propia.

México necesita invertir más en talento, universidades, semiconductores, infraestructura digital, energía y empresas nacionales de IA. De lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos simplemente en grandes consumidores de las herramientas creadas en Silicon Valley.

La inteligencia artificial también puede convertirse en el siguiente gran motor del nearshoring. Las empresas que lleguen a México no solamente deberían encontrar mano de obra, sino ingenieros, investigadores y ecosistemas capaces de desarrollar soluciones tecnológicas.

Meta, Google y OpenAI están construyendo la economía del futuro.

México tiene que decidir si quiere ser solamente el país que ensambla y consume esa tecnología, o el país que también la crea.

La carrera ya comenzó. Y quedarse atrás podría resultar mucho más caro que invertir hoy en inteligencia artificial. ¿En México seremos solamente espectadores de tribuna?

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