Por María Esther Beltrán Martínez       Fotos: J. Carlos Santana

Una de las citas culturales más profundas y ambiciosas de la temporada la ofreció la exposición “Picasso Memoria y Deseo”. Desde su apertura en noviembre, las salas temporales del Museo Picasso Málaga (MPM) han sido testigos de una afluencia incesante de público, consolidando un proyecto que va mucho más allá de una simple muestra pictórica para convertirse en un viaje a la psique del genio.

 

En una reciente entrevista con el comisario del proyecto, el catedrático Eugenio Carmona, se desvelaron matices que ayudan a entender la magnitud de esta propuesta. Carmona destacó especialmente la importancia de las obras de Picasso en su adolescencia, un periodo donde la participación de su padre, José Ruiz Blasco, fue fundamental en su formación técnica y conceptual. Estas piezas tempranas ofrecen una perspectiva única sobre cómo se fraguó el talento que más tarde transformaría el arte del siglo XX.

 

 

Asimismo, el comisario detalló la cuidada participación del barítono malagueño Carlos Álvarez. Su voz guía al visitante a través de un pasillo inmersivo donde se narran fragmentos de La obra maestra desconocida de Balzac, mientras se contemplan las célebres «constelaciones» y dibujos de los cuadernos 30 y 31 de Picasso; lo que permite al visitante tener una experiencia especial y sentirse arropado entre el texto y el audio. Una muy buena experiencia.

 

Uno de los puntos que más ha conmovido a los visitantes es la presencia de Federico García Lorca. Carmona subrayó que la participación del poeta no es accidental; su obra conecta con la faceta más humana y sensible de la vanguardia, despertando una emoción profunda en quienes recorren las salas. Lorca brilla en una «constelación» que incluye a Dalí, Magritte, De Chirico, Ernst y Cocteau, logrando un diálogo entre la memoria de la tradición y el deseo de ruptura.

 

La exposición parte de la inspiradora y compleja pintura Estudio con cabeza de yeso (1925), que tanto impresionó a Dalí y Lorca, pieza en la que se ha estimado que existe una «línea divisoria» en la producción de Picasso y en la evolución de su personalidad artística. Se trata tanto un proyecto de investigación como de una propuesta expositiva con la que explorar la relación entre las imágenes, el devenir del sujeto moderno y la vivencia de tiempos históricos diversos en un mismo presente cultural.

 

 

En sinergia con la atmósfera surrealista, la obra muestra que una época no es un universo mental fijo sino una articulación compleja de referentes culturales, experiencias vitales acumuladas y expectativas de acción para el futuro.

 

Estudio con cabeza de yeso, pintura realizada por Pablo Picasso en el verano de 1925, expresa singularmente esta situación histórica. El artista planteó en ella un poderoso enjambre de signos

 

icónicos que contenía una reveladora psicomaquia. “Mirar Estudio con cabeza de yeso – afirma Eugenio Carmona – es situarse ante una compleja trama de signos. Poderosos iconos reclaman atención en su esfuerzo por convertirse en emblemas. No es inadecuado hablar de pintura de Picasso como pintura de signos”.

 

Para Carmona Picasso situó la evocación encubierta de la figura de su padre, profesor de dibujo en el sistema de las Bellas Artes. Y ello implicaba citar la propia formación picassiana en ese sistema. Este era, para el artista, el lugar de la memoria.

 

 

Pero, ¿por qué traer al presente, en 1925, estos datos? El busto de yeso que protagoniza la obra no está relacionado ni con el anacronismo ni con el «retorno al orden» sino con la presencia del pasado que se resignifica desde el presente. Y, en su desplazamiento de tiempo y sentido, el busto estalla perturbadoramente en perfiles contrapuestos, proyecta una misteriosa sombra y nos interroga con su penetrante mirada.

 

Lo planteado en Estudio con cabeza de yeso fue trabajado por el artista en una sugerente constelación de obras y se expandió en su producción, transformándose durante décadas. El busto se convirtió en emblema. Los «rostros desdoblados» y el «perfil en sombra» se desarrollaron como vehículos de un juego figurativo y visual tan revelador como inquietante.

 

Fueron propuestas visuales que evolucionaron sobre sí mismas, incesantemente. La continua sucesión de estas líneas de fuga fue, para Picasso, el lugar del «deseo» entendido no solo como pulsión erótica sino, ante todo, como intensa afirmación de la voluntad de vivir. Este proyecto, sin duda ha sido un regalo a los visitantes que no debe perderse en estos últimos días. Ha reunido piezas de instituciones de prestigio mundial como el MoMA, el Louvre, el Centre Pompidou y el Museo Reina Sofía.

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