Por María Esther Beltrán Martínez                                 Fotos: Carlos Díaz / Teatro Cervantes.

Málaga, España. –  Con un lleno absoluto y una expectación palmaria desde los aledaños del Teatro Cervantes —donde ya en la entrada se respiraba ese ambiente cálido y de complicidad entre aficionados, músicos y profesionales del sector—, el guitarrista Vicente Amigo ofreció un concierto magistral dentro de la gira de presentación de su noveno trabajo discográfico, Andenes del tiempo.

Universal maestro de la guitarra nacido en Guadalcanal (Sevilla, 1967) y criado en Córdoba, Vicente Amigo volvió a demostrar por qué es considerado la máxima autoridad de la guitarra flamenca actual, heredero indiscutible de la estela tras la partida del añorado Paco de Lucía.

La velada comenzó bajo una iluminación íntima dominada por tonos azules. Vicente Amigo apareció en solitario sobre el escenario, luciendo camisa blanca y chaleco, abrazado a su instrumento. Sin embargo, nada más comenzar el primer compás, detuvo la interpretación con la máxima honestidad y decidió reiniciar.

Al terminar ese primer tema, explicó el gesto con naturalidad y simpatía ante la sonrisa complacida del público: «Allá atrás hacía un calor peor que el de Córdoba y al salir aquí está muy fresquito, así que yo creo que la guitarra lo sintió o simplemente fue un error de oído». Un detalle de rigor y oído absoluto que el público celebró, pues la entrega sonora ya desde el inicio resultaba impecable.

Progresivamente, el escenario fue dando la bienvenida al resto de la formación que lo acompaña en esta gira: Añil Fernández a la segunda guitarra, palmas y coros; Los Mellis de Huelva en palmas y coros; Rafael de Utrera en el cante y palmas; Ewen Vernal al bajo; y Paquito González a la percusión.

A lo largo del concierto, el grupo desgranó los matices de un espectáculo que ya triunfó en su estreno en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Sonaron temas desbordantes de emoción andaluza y proyección universal, destacando piezas emblemáticas como el deslumbrante «Turrón y Chocolate» o su expresivo «Pasodoble a José Tomás», dedicado al torero, donde los jaleos y la voz de Rafael de Utrera invocando al maestro («José, José») erizaron la piel del patio de patio de butacas.

Uno de los momentos cumbres de la noche llegó cuando el guitarrista dio todo el protagonismo a sus acompañantes. Vicente Amigo hizo la presentación de sus músicos clasificándolos como sensacionales, reservando un capítulo de auténtico virtuosismo para el juego de compás. En uno de los temas, las palmas se convirtieron en el auténtico hilo conductor del arreglo, desplegando un abanico dinámico prodigioso: transiciones impecables desde el susurro casi inaudible de palmas sordas hasta el estallido seco, rotundo y festivo de las palmas abiertas.

Ubicado en el centro del escenario, el guitarrista encajó también el cariño espontáneo de la sala. Desde la platea, un espectador rompió el silencio al grito de «¡Viva el rey de la guitarra flamenca!». Vicente Amigo, entre risas y con la sencillez que lo caracteriza, agradeció el aplauso matizando con humor que el título de «rey» no encaja con su estilo, aunque aceptó el afecto de Málaga con enorme complicidad.

El fin de fiesta fue apoteósico. Ante la conclusión de la actuación, la totalidad del Teatro Cervantes se puso en pie en una ovación cerrada y prolongada durante varios minutos. Los gritos de «otra, otra» devolvieron a los artistas a las tablas para regalar un bis que remató una noche perfecta.

A la salida de la sala, las sonrisas y los comentarios alabando el genio del músico cordobés confirmaron que el paso de Vicente Amigo por Málaga no fue un concierto más, sino una lección magistral de flamenco impregnada de alma, rigor y elegancia.

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