Por Luis Sunderland Méndez
X@LouSunderland
4 de septiembre de 2026
Qué triste y preocupante realidad vivimos en México, a pesar de que tenemos una gran nación: la decimotercera economía mundial —éramos la novena—, una inmensa riqueza en diferentes minerales, enormes tierras de cultivo, miles de kilómetros de litorales con un enorme potencial, 140 millones de habitantes y otros 40 millones tratando de hacer su vida en suelo estadounidense. Nos hemos ido convirtiendo en una república bananera; hemos perdido prestigio, credibilidad y respetabilidad desde que gobierna la 4T, hace ocho años.
¿Cómo podríamos voltear la cara y hacer como que no escuchamos cuando estamos indignados y con una gran vergüenza? El pasado martes 1, la presidenta leyó un escrito que, según ella, fue su segundo informe a la nación, pero resultó un ejercicio de narrativa, carente de realidad. Sheinbaum se dirigió solo a sus seguidores, para quienes gobierna; habló del país que nada más existe en el Palacio Nacional.
Ella se vanagloria de que en su gobierno se combate la corrupción, que ya acabó con la impunidad, cuando en todos los ámbitos estamos viendo que la realidad es otra: el gobierno presume la detención de exmarinos y empresarios por huachicol fiscal, pero guarda silencio absoluto sobre la red política que permitió que esa misma red operara desde las Aduanas y desde la propia Secretaría de Marina durante todo el sexenio pasado.
Se investiga al operador, no al jefe político; se detiene al contralmirante Farías Laguna, traído desde Buenos Aires, pero no se toca al círculo que lo puso ahí. Esta es una lucha contra la corrupción selectiva: implacable hacia abajo, intocable hacia arriba.
La presidenta exige pruebas y estas le brincan en la cara. Ahí está el caso de Jorge Amílcar Olán Aparicio, el mejor amigo de Andy López Beltrán, quien, por cierto, está amparado desde el 28 de mayo pasado por el juez Primero de Distrito en Materia Penal.
Este ínclito caballero vive ahora en Suiza, tiene una abultada cuenta bancaria de tres mil millones de pesos en México y no se le molesta para nada; tampoco a Andy y a Adán Augusto, que están señalados también en el expediente que está en poder de la Fiscalía General de la República. Pero en Estados Unidos las cosas son diferentes y a Olán Aparicio sí lo están investigando. Las autoridades judiciales ya establecieron contacto con sus colegas de Suiza y, a los otros dos, por lo pronto, entraron a formar parte de los “desvisados”.
Sheinbaum dice que vamos bien en seguridad y que la estrategia está funcionando, pero la realidad es que, mientras ella habla de pacificación, Sinaloa cumple casi un año terrorífico y Culiacán está paralizado por la guerra interna del famoso cártel de Sinaloa. Ha tenido que romper, en los hechos, con la estrategia de López Obrador.
Ella también dijo que hay autonomía en las fiscalías y que se investiga todo, pero, en la realidad, la actitud gubernamental frente a las irregularidades de Morena es de protección. El caso de Rubén Rocha Moya y sus secuaces es el ejemplo más obsceno. Los señalamientos del gobierno estadounidense, las acusaciones de vínculos con el crimen organizado, un Estado colapsado, y la presidenta lo respalda públicamente el mismo día que habla de Estado de derecho. No hay investigación, solo blindaje.
También dice que no hay ruptura, que hay continuidad de la transformación, y la realidad es que esa es la “contradicción madre”. Sheinbaum quiere presentarse como la presidenta de la ciencia, de los datos y de la ley, pero no puede explicar el desfalco de Segalmex, el colapso de Pemex, el gasto de Dos Bocas, los trenes Maya e Interoceánico y los impactos territoriales de Morena con el narco, pero, sobre todo, el huachicol, porque todo eso lo heredó de López Obrador.
En su discurso quiso vender a un México con estabilidad, honestidad y justicia. El México del día 2 de septiembre amaneció con un Altiplano con supuestos marinos corruptos del sexenio pasado, con un gobernador y secuaces de Sinaloa protegidos desde el podio presidencial y con un gobierno que investiga irregularidades solo cuando no tocan al obradorismo.
Esa es la contradicción de Sheinbaum: habla como estadista, pero gobierna como heredera de un pacto de impunidad y camino a la tiranía. Ella dijo: “Si hubiéramos querido censurar, ya lo hubiéramos hecho, porque están los instrumentos”. En otras palabras, nos dice: síganle y ya saben quién manda aquí.
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