Historia en el Metro: más alto, más rápido, más fuerte

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Por Ricardo Burgos Orozco

Un amigo me invitó el sábado anterior a su casa para conocer el proyecto de una revista digital que piensa lanzar en las próximas semanas. Lo pensé dos veces porque está del otro de donde vivo; me dio las coordenadas, nada difíciles, por cierto, y me encaminé a la aventura, por supuesto en el Metro, desde Zapata hacia Guerrero, de la Línea 3, transbordo a la Línea B hasta la estación Olímpica, un recorrido de casi dos horas.

Desde que me dijo que vive en la colonia La Olímpica u Olímpica 68 en el municipio de Ecatepec, Estado de México, le pregunté a mi amigo, curioso que soy, por qué se llama así. Dice que le pusieron así ya que alguna ocasión hubo una alberca muy grande, muy conocida; investigué más y el nombre se lo pusieron, según internet, en recuerdo de los Juegos Olímpicos de 1968 en México.

La estación del Metro Olímpica por eso tiene como ícono los famosos cinco aros del movimiento que inició en 1896, en Atenas Grecia, el Barón Pierre de Coubertin, que representan los cinco continentes: Oceanía, Asia, África, Europa y América. Los colores – azul, amarillo, negro, verde y rojo – simbolizan la totalidad del mundo. Recordemos que Pierre de Coubertin basó los Juegos Olímpicos de la era moderna en aquellos eventos míticos que se realizaban cada cuatro años en la antigua ciudad de Olimpia.
En todo eso venía divagando mientras llegaba a mi destino desde el sur de la ciudad hasta el municipio de Ecatepec.

Recuerdo que cuando se inició el Metro en 1969 quien se encargó originalmente de crear la iconografía del sistema fue Lance Wyman, el mismo artista que ideó la imagen de los Juegos Olímpicos de México 1968. Por eso las imágenes son tan similares unas de otras. El trabajo de Wyman inspiró a otros diseñadores que imitaron su estilo para el resto de la red del Sistema de Transporte Colectivo para los años siguientes. Si se fijan, también las rutas del Metrobús tienen una icnografía muy parecida.

Al mediodía llegué a mi destino, sin ningún contratiempo salvo algunas paradas del tren que para mí ya son muy normales. No había mucha gente en los vagones porque era fin de semana, pero me dicen que entre semana la Línea B se satura al igual que las otras 11 líneas del Metro, algo también ya muy normal con tantos millones de personas que usamos el transporte público todos los días.

Me bajé del vagón en Olímpica –como me lo dijo me amigo — caminé a la salida, salí a la avenida Carlos Hank González en donde está la estación. Muy raro, porque soy muy distraído, pero llegué sin ningun contratiempo a mi destino. Conocí el proyecto que me iban a presentar, muy interesante. Ojalá tenga éxito, sobre todo en estos tiempos difíciles donde los medios no son muy bien vistos.
Después de la comida emprendí el regreso a casa por la misma ruta desde la estación Olímpica hasta Guerrero, transbordé a la Línea 3 hacia Zapata.

El regreso se me hizo más rápido y más tranquilo. Me gustó la colonia que visité, muy tranquila, mucha gente dedicada al comercio de todo tipo. Vi un Ecatepec distinto al que pintan las estadísticas.

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